La imaginación es el camino

Esto es lo que nos ha dicho hoy en las enseñanzas Mingyur Rimpoché. Y lo he encontrado muy interesante. Si no imaginas que vas a ir o a venir, pues no te pones en marcha. Y así todo lo demás. Si no imaginas tus cualidades, pues tampoco las activas.
Así que luego, nos hemos ido a establecer conexiones auspiciosas con Dilgo Khyentse Yangsi Rimpoché. Y así ha sido. Así como llegamos nos preguntó quien era nuestro maestro y de qué país veníamos. Cuando le explicamos que el grupito que nos habíamos juntado nos veíamos cada año en Bodhgaya en torno a SS Karmapa, nos dijo: Me alegro mucho, no os dais cuenta de lo afortunados que sois.
Y, claro, supongo que nos daremos cuenta dentro de unas cuantas vidas.
No se puede explicar qué es lo que tienen algunos maestros, pero una se sienta a su lado y se encuentra inmediatamente cómoda. Tan cómoda que una no se iría de allí y se quedaría horas, embobada, sonriendo.
El grupo de rusos, unos cuarenta, venía detrás (les tomamos la delantera por unos minutos) así que tocó bajar las escaleras deseando más, deseando que la conexión siguiese funcionando. Y como los maestros éstos son como la joya que cumple los deseos, en cuanto salimos a la calle nos encontramos con una de mis  amigas, que me dijo:
¿Cómo que os vais? Justo ahora se hace la ofrenda de luz y la consagración de la estupa con las reliquias del anterior Dilgo Khyentse Rimpoché (hoy celebraban 100 años de su nacimiento).
Y, claro, nos quedamos.
Ahorro las descripciones, lo dejo en que dar vueltas a esa estupa, después de que la consagrasen, era mucho mejor que ir por primera vez en los caballitos del tiovivo, porque era como volar tras la estela del maestro, en su protección y en su pureza. Me arrancó de allí el hambre de Harry, que, como se volverá de nuevo a la India a vivir, está lleno de alegría y le parece que podrá celebrar los 100 años de Dilgo Khyentse cada día.

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